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Interés general 16/10/2026 Conectate

Primeros auxilios psicológicos: cómo acompañar en un momento de crisis

¿Qué son los primeros auxilios psicológicos? A lo largo de la vida, cualquier persona puede atravesar una situación que genere un fuerte impacto emocional: una pérdida, un accidente, una noticia inesperada, una situación de violencia, una crisis familiar o un acontecimiento que altere profundamente su sensación de seguridad. En esos momentos, puede aparecer angustia intensa, miedo, confusión, desorientación o dificultad para afrontar lo que está sucediendo. No todas las personas reaccionan de la misma manera ni necesitan el mismo tipo de ayuda. Los primeros auxilios psicológicos (PAP) son una forma de asistencia humana, práctica y respetuosa que busca brindar apoyo inicial a personas que atraviesan una situación de crisis o un acontecimiento altamente estresante. La Organización Mundial de la Salud los describe como una ayuda que debe respetar la dignidad, la cultura y las capacidades de cada persona. No consisten en realizar un diagnóstico ni en obligar a alguien a hablar de lo sucedido, sino en ofrecer una presencia segura, escucha y ayuda concreta.

¿Cuáles son sus objetivos?

Los primeros auxilios psicológicos buscan:

  • Favorecer una sensación inicial de seguridad y contención.

  • Escuchar sin juzgar, presionar ni minimizar lo que la persona siente.

  • Identificar necesidades inmediatas y prioridades.

  • Ayudar a resolver cuestiones prácticas urgentes.

  • Facilitar el contacto con familiares, personas de confianza o servicios de asistencia.

  • Reconocer cuándo la situación requiere intervención profesional o atención urgente.

No se trata de eliminar el sufrimiento de inmediato. El objetivo es ayudar a que la persona pueda atravesar ese primer momento con mayor acompañamiento y acceso a los recursos que necesita.

¿Cómo podemos ayudar?

Una manera sencilla de organizar esta primera respuesta es recordar tres acciones: observar, escuchar y conectar.

1. Observar: comprender qué está pasando

Antes de intervenir, es importante prestar atención al entorno y a las necesidades de la persona.

¿Está en un lugar seguro? ¿Necesita atención médica? ¿Está sola? ¿Hay algún peligro que continúe presente?

La prioridad es proteger la seguridad física y emocional, sin exponerse ni exponer a otras personas a nuevos riesgos.

2. Escuchar: estar presentes sin juzgar

A veces, la persona necesita hablar. Otras veces, no encuentra palabras o prefiere permanecer en silencio.

Podemos ofrecer una escucha tranquila, respetar sus tiempos y evitar interrogatorios o preguntas innecesarias.

Frases como “Estoy acá para escucharte”, “¿Qué necesitás en este momento?” o “¿Hay alguien a quien quieras que llamemos?” pueden abrir un espacio de confianza.

En cambio, expresiones como “No es para tanto”, “Tenés que ser fuerte” o “Todo pasa por algo” pueden hacer que la persona sienta que su dolor no está siendo comprendido.

3. Conectar: acercar ayuda y recursos

La contención también puede ser práctica. Acompañar a realizar una llamada, contactar a alguien de confianza, conseguir atención médica o resolver una necesidad inmediata puede ser más útil que ofrecer consejos generales.

Es importante respetar la autonomía de la persona siempre que sea posible y explicarle las opciones disponibles, sin prometer soluciones que no podemos garantizar.

¿Qué debemos evitar?

Los primeros auxilios psicológicos no consisten en forzar un relato, buscar explicaciones inmediatas ni interpretar las reacciones de la persona.

Conviene evitar:

  • Presionar para que cuente detalles de lo sucedido.

  • Juzgar sus decisiones o reacciones.

  • Minimizar lo que siente o compararlo con experiencias ajenas.

  • Dar falsas garantías de que todo se resolverá.

  • Asumir responsabilidades que exceden nuestras posibilidades.

  • Confundir la contención inicial con un tratamiento psicológico.

Cada persona tiene sus propios tiempos. Una reacción emocional intensa no significa necesariamente que exista un trastorno mental, del mismo modo que la ausencia de llanto no significa que la situación no haya tenido impacto.

¿Cuándo es necesario pedir ayuda profesional?

Si el malestar es muy intenso, persiste, interfiere significativamente con la vida cotidiana o la persona no logra recuperar una sensación básica de seguridad, puede necesitar una evaluación y acompañamiento profesional.

Si expresa deseos de morir, intención de hacerse daño o existe un peligro inmediato, es fundamental tomarlo en serio y buscar asistencia urgente. En Argentina, la Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental es el 0800-999-0091, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Ante una emergencia inmediata, también debe contactarse al servicio de emergencias correspondiente.

Acompañar también implica reconocer nuestros límites

No necesitamos tener todas las respuestas para ofrecer ayuda. Sin embargo, sí es importante reconocer cuándo una situación requiere otros recursos.

Acompañar no significa resolverlo todo, sustituir a los profesionales ni estar disponibles sin límites. Significa ofrecer una presencia respetuosa, identificar necesidades y facilitar el acceso a la ayuda adecuada.

Una primera escucha puede no resolver una crisis, pero puede ser el comienzo de un camino hacia el cuidado y la recuperación.

En Conectate creemos que escuchar, orientar y acercar recursos también son formas de cuidar.