La salud mental también es salud
Nuestra mente y nuestro cuerpo no funcionan por separado.
El estrés sostenido, la angustia, la ansiedad, la tristeza o la falta de descanso pueden afectar nuestra manera de dormir, alimentarnos, relacionarnos y afrontar las actividades cotidianas.
Del mismo modo, atravesar una enfermedad, un dolor, una pérdida o un momento de gran exigencia puede repercutir en nuestro bienestar emocional.
Por eso, hablar de salud integral implica mirar a la persona en su totalidad.
¿Por qué es importante cuidarla?
Porque nuestra salud mental influye en muchos aspectos de nuestra vida.
Nos ayuda a:
reconocer y expresar nuestras emociones;
tomar decisiones y resolver problemas;
establecer vínculos saludables;
afrontar cambios y situaciones difíciles;
pedir ayuda cuando la necesitamos;
disfrutar de los momentos agradables;
desarrollar recursos para adaptarnos a las diferentes etapas de la vida.
Y algo muy importante: pedir ayuda no significa ser débil.
A veces creemos que deberíamos poder resolver todo solos. Que tenemos que aguantar un poco más. Que hay personas que están peor y, por lo tanto, “lo nuestro no es para tanto”.
Pero el sufrimiento no necesita ser comparado para ser válido.
Cuidar la salud mental también es prevenir
No siempre tenemos que esperar a sentirnos desbordados para ocuparnos de nuestro bienestar.
Dormir adecuadamente, mantener vínculos significativos, realizar alguna actividad que nos resulte placentera, mover el cuerpo, tener espacios de descanso y poder hablar de lo que nos preocupa son formas sencillas de cuidar nuestra salud mental.
También lo es aprender a reconocer nuestros propios límites.
Decir “necesito ayuda”, “esto me está superando” o “necesito descansar” puede ser un acto de cuidado y no de debilidad.
No existe una única manera de sentirse bien
Cada persona atraviesa la vida de una manera diferente.
Lo que ayuda a alguien puede no ser suficiente para otra persona. Y también puede suceder que aquello que antes nos hacía bien deje de funcionar en determinado momento.
Por eso, cuidar nuestra salud mental implica también escucharnos y permitirnos buscar las herramientas que necesitamos en cada etapa.
En algunas situaciones, conversar con alguien de confianza puede ser suficiente para sentirnos acompañados. En otras, puede ser necesario recurrir a un profesional de la salud mental.
Lo importante es no atravesar solos aquello que se vuelve demasiado difícil de sostener.
Cuidarnos también es pedir ayuda
Hablar de salud mental es, en definitiva, hablar de calidad de vida.
No se trata de alcanzar una vida perfecta ni de eliminar todas las dificultades.
Se trata de contar con recursos, acompañamiento y espacios donde podamos ser escuchados cuando la vida se vuelve difícil.
Porque cuidar nuestra salud mental no significa dejar de sentir.
Significa aprender a escucharnos, comprender lo que nos pasa y buscar aquello que necesitamos para estar un poco mejor.
Cuidar la mente también es cuidar la vida.
Y pedir ayuda, cuando hace falta, también es una forma de cuidarnos.
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Salud, acompañamiento y bienestar.